Sistemas obedientes

… geografía urbana que hiela sentimientos y pasiones, que congela rebeldías, que ciega miradas críticas, que guillotina mordacidades. Pero, más allá de eso, el espectador de estos cuadros se encontrará con bien distinta cosa. Tras esa frialdad que aprisiona, tras esa arquitectura que esclaviza, lo que hay es un clamor crítico contra la complacencia cómplice de unas masas que, formalmente, se sienten y se creen libres. En esa arquitectura sin más ambición estética que el pragmatismo, mora el poder. Las siluetas perdidas, los rastros de rostros extraviados no caminan por lugares donde se pueda percibir voluntad de incursiones en lo bello y sublime al modo que planteó Kant. Las columnas sólo sostienen pragmatismo y desafección.

           Es el mundo que nos deja sin rostro, el que elimina rastros de cualquier sueño, el que pulveriza el más mínimo y cándido asomo de utopía…

Luis Arias Argüelles-Meres

La Nueva España. Marzo, 2004

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